Cristo de la Humildad. / P.D.CRUZ

La procesión de Silencio vuelve esta noche a recorrer el casco antiguo jaraiceño

La Cofradía de los Dolores sacará las imágenes del Cristo de la Humildad, sentado, y del Cristo del Perdón, un crucificado que parece tocar el cielo por su altura

P.D. Samino
P.D. SAMINO

Hoy miércoles, a las 20 horas, en la iglesia de San Miguel, finaliza el triduo al Cristo de la Humildad, que saldrá en procesión a las 23 horas, en la del Silencio, conjuntamente con la imagen del Cristo del Perdón, que cerrará el cortejo y que portarán los miembros de la Cofradía de los Dolores, con hábito rojo y capa blanca, al igual que la banda de tambores y cornetas de la misma.

La procesión del Silencio recorrerá el casco antiguo o judería jaraiceña incluida en la jurisdicción de la parroquia de San Miguel. Inicialmente, fue creada en el primer cuarto del pasado siglo exclusivamente para los hombres, con el fin de animarlos a participar en los actos litúrgicos de la Semana Santa jaraiceña, ya que entonces se implicaban muy poco o casi nada en las manifestaciones religiosas.

Con el paso de los años la procesión ha dejado de tener ese rasgo de masculinidad, aunque alrededor de las dos imágenes lo hacen mayoritariamente los hombres por tradición, pues las mujeres también acuden a verla y su presencia en las calles es cada vez mayor. Del mismo modo, la Cofradía de los Dolores es mixta.

Calles estrechas

Ha dejado de tener, por tanto, este rasgo especial y se promociona y anuncia en los programas simplemente como procesión del Silencio, pero lo que más llama la atención en la actualidad es que discurre por las calles estrechas y empinadas del centro de la localidad que forman parte la llamada arquitectura de la Vera, en las que prima el silencio absoluto marcado por la Pasión, solo roto por el sonido de los tambores y las trompetas, cuyos redobles en estas calles son aún más estremecedores y transportan a los asistentes a estampas del pasado.

Miguel de Unamuno definió en 1920 a Jaraíz como una villa serrana por su arquitectura popular: «Su caserío presenta el aspecto pintoresco de las poblaciones del interior de España. Las casas, de trabazón de madera, con sus aleros voladizos, sus salientes y entrantes, las líneas y contornos que a cada paso rompen el perfil de la calleja, dan la sensación de algo orgánico y no mecánico, de algo que se ha hecho por sí, no que lo haya hecho el hombre. La calleja se retuerce y no se ve de un extremo a otro. No es un canal de curso recto: es más bien como el cauce de un río que fuera culebreando».

Una descripción que se mantiene de sus calles y casas por las que esta noche pasarán el Cristo de la Humildad, en posición de sentado, y el del Perdón, un crucificado, que parece tocar el cielo por su altura.