Prisión por entrar en Jaraíz de la Vera pese a la prohibición de un juez

Avenida donde fue visto el hombre en su coche. :: google earth/
Avenida donde fue visto el hombre en su coche. :: google earth

El hombre tenía una orden que le impedía acceder a este municipio para evitar una posible agresión a su expareja

Sergio Lorenzo
SERGIO LORENZOCáceres

«No puede entrar en el casco urbano de Jaraíz de la Vera». Así de tajante fue la decisión del juzgado de instrucción número 4 de Plasencia, que le investigaba por un supuesto delito de violencia de género. Pero no hizo caso.

Se le comunicó esa prohibición el 3 de marzo de 2015, agravando la orden de protección sobre su expareja que vive en Jaraíz. En un principio se le prohibió aproximarse a ella, a su domicilio, lugar de trabajo o cualquier otro en el que ella se encontrarse, a una distancia no inferior a 300 metros, así como la prohibición de comunicarse con ella por cualquier medio de comunicación oral o escrito. Luego se amplió la protección a la de entrar en la localidad, que tiene alrededor de 6.500 habitantes.

Aun así, a la una de la tarde del 9 de enero de 2017, él entró en el pueblo circulando con su coche por la avenida adyacente al conocido como Parque de los Bolos de Jaraíz de la Vera. Fue visto por su expareja, un familiar de ella y también por un policía local al que saludó. Una vez que fue denunciado, se sentó en el banquillo de acusados del Juzgado de lo Penal número 1 de Plasencia, que el 18 de septiembre de 2018 le condenó a nueve meses de prisión al ser responsable de un delito de quebrantamiento de medida cautelar.

El condenado recurrió la sentencia a la Audiencia Provincial alegando que desconocía que no podía entrar en la localidad y que por eso incluso saludó a un agente.

La Audiencia confirma la condena, al asegurar que sí sabía que no podía entrar en Jaraíz. Dice que «si el acusado sabía y conocía que no podía ir a esa población, y aún así traspasa los límites de esa prohibición, no puede pretender escudarse en nomenclaturas ni disquisiciones para fundamentar un supuesto error ni de hecho ni de derecho, a través de un error de prohibición al desconocer que estaba dentro del casco urbano, y es que decae ese alegato cuando, si se quiere, en aplicación estricta de la prohibición, estaba dentro de la señal que marca el inicio del casco urbano».

Sobre la indicación del condenado de que no llevaba malas intenciones ya que había saludado a un agente, dice la Audiencia que el que le saludara o no, «cuando ese policía local no sabía de la existencia de la prohibición, y cuando además el acusado no ha explicado la circunstancia que le llevó a ese lugar, no empece la conclusión fáctica de que vulneró la prohibición, cuando el saludo bien podía responder a una apariencia de normalidad que el acusado querría mostrar».