Pablo y Andrea posan mientras escalan una de las paredes del rocódromo Cereza Wall de Plasencia. / DAVID PALMA

Pablo y Andrea Rodríguez, dos hermanos en lo más alto

Estos jaraiceños, de 19 y 14 años, son campeones de España de escalada en sus respectivas categorías juveniles

Jaime Panadero
JAIME PANADERO

Es relativamente frecuente, en aquellas familias que han tenido más de un hijo, que los pequeños practiquen el mismo deporte. Ahora bien, que se decanten por uno más desconocido como la escalada ya no lo debe ser tanto. Pero los casos en los que ambos sean, además, campeones de España en sus respectivas categorías tienen que contarse con los dedos de una mano. Pablo Rodríguez Salas y Andrea Rodríguez Salas (Jaraíz de la Vera, 2001 y 2006) protagonizan uno de ellos.

Pablo escaló por primera vez a los 5 años. Su tío le llevó a ver una competición de escalada en el monte placentino de Valcorchero, y una vez allí le animaron a participar. Aunque no había practicado nunca esa actividad, se apuntó y compitió... Y le gustó. Los dos años siguientes repitió la experiencia, y en su tercera participación logró ya un segundo puesto, a pesar de que nadie le había enseñado siquiera las nociones más básicas de este deporte. Tras ese gran resultado, decidió apuntarse a clases de escalada en Plasencia y así empezó a atisbar cuál podría ser su futuro.

Con 12 años, disputó sus primeros torneos nacionales, y con 14, se marchó de Jaraíz para instalarse en la Residencia de Alto Rendimiento de Cáceres. «Ahí fue cuando empecé a entrenar. No era todavía algo muy serio porque seguía siendo demasiado joven, pero sí tenía ya una planificación y alguien que gestionara esos entrenamientos. Hasta entonces simplemente había ido a clases de escalada, que era algo más general que hacíamos en grupos grandes y con el objetivo de crear una base y divertirnos», expone Pablo.

En la capital cacereña estuvo dos años, luego volvió a trasladarse de ciudad. Lleva desde entonces viviendo en Plasencia y entrenando en el rocódromo Cereza Wall. Estudia por las mañanas (está cursando el TSEAS, el título de Técnico Superior en Enseñanza y Animación Sociodeportiva), entrena y trabaja por las tardes. Lo hace en el propio rocódromo, donde ha empezado a dar clases de escalada a un grupo de adultos y otro de niños, y ayuda también en recepción.

Su pasión por la escalada arrastró a su hermana Andrea a probar esta disciplina cuando tenía 7 años, y desde entonces no ha dejado de agarrarse a las presas que componen los rocódromos. Aún va al instituto en Jaraíz, así que tiene que viajar hasta Plasencia los martes, miércoles y jueves por la tarde para entrenar en las instalaciones del Cereza Wall. Pablo cumple su papel de hermano mayor con ella: «Yo prefiero que esté escalando y venga a entrenar a que esté por ahí como otras chicas de su edad».

Andrea empezó a destacar en las competiciones regionales cuando aún no tenía la edad mínima para participar en las nacionales. «Cuando cumplí los 12 ya me empezaron a llevar a Copas de España, y llevo entrenando de forma más seria desde entonces», afirma.

El año pasado ambos compitieron en el Campeonato de España de Escalada que se celebró en Pamplona, y fueron los mejores de sus categorías. En la sub-20 masculina, Pablo obtuvo el oro en las pruebas de dificultad y velocidad, y el bronce en bloque. Andrea, por su parte, compitió en la categoría sub-14 femenina y se colgó el oro en bloque y dificultad, y el bronce en velocidad. Tres metales se llevaron a casa cada uno.

Andrea también había arrasado meses antes en el Campeonato de España de Selecciones Autonómicas en Edad Escolar. Ganó las tres modalidades (bloque, dificultad y velocidad) en categoría infantil y, por tanto, también la clasificación general. En septiembre de este año, se estrenó en competición europea. Asistió en Ausburgo (Alemania) a la única prueba de la Copa de Europa Juvenil de Escalada que se ha celebrado en 2020, donde logró un 26ª puesto más que meritorio, teniendo en cuenta que era una debutante y competía contra escaladoras mayores que ella.

Los éxitos de los hermanos Rodríguez Salas no pueden desvincularse del resto de escaladores de la región. En el Campeonato de España mencionado anteriormente, el equipo extremeño consiguió traerse 23 medallas a nuestra tierra. Fue una hazaña inusual: «Recuerdo que antes, cuando yo empecé, pasar a una final y poder estar entre los mejores del país ya se celebraba como un triunfo», cuenta Pablo Rodríguez. Y es que, a pesar de que la escalada no es una disciplina con gran tradición en Extremadura, cada vez son más las jóvenes promesas que están empezando a destacar a nivel nacional. El cacereño Alberto Ginés es el principal exponente de ese grupo. La clave, cree Pablo, es que se están haciendo las cosas bien: «Se está trabajando mucho en la base, y tratando de captar a mucha gente buena. No se están centrando en una persona, sino en todo un equipo; y eso hace mejores al resto», argumenta el joven.

El COI anunció en 2016 que la escalada sería una de las disciplinas deportivas que se incorporaría a la lista de los Juegos Olímpicos. Se iba a estrenar en Tokio, pero la pandemia ha obligado por el momento a aplazarlo a 2021. Esta noticia suponía el reconocimiento de una actividad que está atrayendo cada vez más adeptos: «Mucha gente se está aficionando a escalar en los rocódromos. Antes iban al gimnasio y ahora les divierte más entrenar aquí, pero en la escalada en roca sigue todo más o menos como siempre», se lamenta el joven.

A pesar del posible impulso que puede experimentar el deporte en los próximos años, Pablo y Andrea no acaban de imaginarse un futuro profesional como escaladores. «Por ahora es muy difícil dedicarse a ello, tienes que ser muy, muy bueno, de los mejores», coinciden ambos. Sin embargo, sí tienen claro que les gustaría hacer algo relacionado con el deporte y la montaña: a Pablo, que cada vez está más enfocado en escalar en roca, le gustaría trabajar como guía de montaña, y tiene pensado continuar sus estudios el próximo año en ese sentido. Andrea, de momento, pretende hacer el grado en Ciencias del Deporte cuando termine la ESO y el bachillerato.

Mientras tanto, los dos tienen claro quién es el referente al que quieren seguir: su entrenador, Javi Cano. «Vive mucho el deporte y nos transmite a todos esa motivación que tiene», le describe Andrea. Para él, para su hermano Juanjo, para la Federación Extremeña de Montaña y Escalada (Fexme) y para todos los patrocinadores que les apoyan, Pablo y Andrea solo tienen palabras de agradecimiento.