José María Cruz.

El síndrome del salmón

«Nada mejor que las páginas del Hiperlocal HOY Jaraíz para reconciliarnos con nuestro origen»

JOSÉ MARIA CRUZ

Aprendemos a amar a medida que aprendemos a perder. Ocurre con las personas, a las que nos unen los vínculos invisibles del apego, que aparecen cuando se adivina la pérdida y aumentan en cuanto nos amenaza la ausencia. Sucede algo parecido con las cosas, también con el lugar en el que se nace, y con el paisaje de la infancia, del que alguien dijo con razón que cobija nuestra verdadera patria.

Quizás por eso necesitemos abrir, de vez en cuando, la caja de pequeños tesoros que no permiten regresar a la Ítaca añorada. Puede que, a fuerza de mudanzas y naufragios, el baúl de los recuerdos haya perdido tanto lastre que apenas mantenga la envoltura, por lo que viene bien tener a mano un soporte escrito, como las publicaciones de HOY, que nos proporciona Pedro Díaz Samino.

Hasta 1975, año de tantos cambios, me consideré tan afortunado por vivir en mi pueblo, como empujado a cambiar de aires en busca de sueños y de perspectivas laborales que se presentaron, precisamente, gracias a la formación recibida en la academia de la calle Pedreros, con cuyo profesorado tengo una impagable deuda de gratitud que merecerá otras citas. Sin querer irme, pero sin evitarlo, empecé a echar de menos el terruño apenas sobrepasaba Navalmoral o Plasencia, aprovechando cualquier oportunidad para volver a Jaraíz.

Luego llega el tiempo en que echas raíces en otra tierra y te enfrentas al dilema de pertenecer a dos lugares, que es cosa parecida a no tener ninguno.

Cuando ocurrió, recordé cómo mi padre saludaba alguna vez, siendo yo niño, a otros 'jaraiceños de la diáspora' –unos desconocidos de paso por el pueblo– con los que nunca esperé compartir la condena del desarraigo. Mal que me pesara, empecé a entender que me había convertido en uno de ellos, cuando en cada regreso mermaban los saludos lo mismo que aumentaban los olvidos.

En una de las interminables charlas con César Trujillo, amigo invisible, me habló del 'síndrome del salmón', sin señalarme con el dedo, pero sin necesidad de hacerlo. Nos conocemos de largo y demasiado bien, sé que me adivina el pensamiento y se limitó a hablarme del anhelo, muchas veces injustificado e imposible, de volver al origen. No todos los salmones regresan al río del que salieron, pero muchos pasan la vida soñándolo.

Y por si ese mal urge remedio y no fuera suficiente la caja de las fotos o el rincón de los recuerdos, César me recomienda echar mano del pimentón de Jaraíz que siempre tengo en la despensa y olerlo con la solemnidad del que toma vahos. Mientras espero que los efluvios patrios hagan efecto, nada mejor que tener a mano las páginas del Hiperlocal HOY Jaraíz como complemento imprescindible para la reconciliación con nuestro origen, el lugar que hemos amado y criticado con la misma ingratitud que lo hicimos con nuestros padres, pero en el que naufragará nuestra mente si algún día nos abandona la lucidez.

Post data. Creo que es importante –me temo que poco valorado– tener en nuestro pueblo una publicación con la solvencia del Diario HOY y el entusiasmo de su corresponsal, que sirva de memoria ordenada y completa del presente local. Si aporta, además, datos y documentación de hechos pasados, adquiere un valor incalculable porque Jaraíz no puede permitirse la torpeza del olvido.

En la distancia, debo decir que su imprescindible lectura me hace sentir que tenemos algo antiguo y común que compartimos los jaraiceños que están cerca y los que, estando lejos, padecemos alguna vez el síndrome del salmón.

José María Cruz es profesor jubilado y articulista en Diario SUR.