El misionero jaraiceño Ildefonso Trujillo, medio siglo al servicio del tercer mundo

Ese es el tiempo que lleva en Zimbabwe, en la misión que la Diócesis de Plasencia dirige en Jotsholo

Ildefonso Trujillo López, misionero jaraiceño. P.D.CRUZ.
AYUDA HUMANITARIA

Se despidió de sus paisanos el pasado día 8 de septiembre, día de Extremadura y de la Virgen morenita de Guadalupe, a la que dedicó loas en su celebración litúrgica.

Ese día, como hace todos los demás del año, pero en Zimbabwe, rezó el padre nuestro en una de las lenguas de este país africano, concretamente la que se habla en Jotsholo, en cuyo territorio se encuentra la misión de San Martín de Porres, dirigida por sacerdotes del Obispado de Plasencia.

Un padre nuestro que retumbó en las centenarias piedras de la iglesia de Santa María de Jaraíz de la Vera, que al final de la última misa que ofició, por ahora, hasta la vuelta de otras vacaciones, se convirtió por unos minutos en una ventana abierta para conocer la vida pastoral de los misioneros placentinos. Una proyección obró el milagro y los niños jaraiceños conocieron la realidad del tercer mundo, a cuyas imágenes puso voz Ildefonso Trujillo, que lleva media vida al servicio del continente africano, del que es testigo de su encarnizada existencia, pues en eso se han convertido algunos países de esta zona del globo tras alcanzar la independencia. Todo ello, por hacerse con el poder, unos pocos, y la riqueza natural que atesoran, otros.

­ Paradójicamente, en Zimbabwe, con un suelo y subsuelo rico, la mayor parte de la población tiene dificultades para comer, al menos, una vez al día.

Del progreso que alcanzó en los noventa se ha pasado en la década actual a la miseria otra vez, que recuerda más a la otrora conflictiva Rhodesia, como se llamaba Zimbabwe cuando llegó a este país en 1968 Ildefonso Trujillo. A su vuelta a él, volverá a toparse con el azote del siglo XXI: el SIDA, la corrupción, la inflación y la precariedad que padece el 70% de la población.

­Aquí, mientras tanto, Cáritas Interparroquial de Jaraíz y varias asociaciones y colectivos volverán a hacer campañas a favor de la misión placentina de San Martín de Porres para conseguir dinero, que Ildefonso Trujillo y sus compañeros destinarán a la construcción de pozos de agua, a la compra de bueyes para arar los secos campos o para libros de textos, que se irán pasando de un hermano a otro.

Esto que ya empieza a sonar aquí, allí es endémico. Estos gestos de solidaridad, cuando a estos lares se ha empezado a asomar la pobreza, Ildefonso Trujillo los agradece infinitamente en nombre de sus otros hermanos.

­