El fundador de la la Hispanic Society of America cuenta cómo era Jaraíz en el año 1892

Jaraiceñas portan el ajuar nupcial (1928). /RUTH MATILDA ANDERSON.
Jaraiceñas portan el ajuar nupcial (1928). / RUTH MATILDA ANDERSON.

Archer Milton Huntington fue el primer americano que pisó las calles de Jaraíz de la Vera

P.D. Samino
P.D. SAMINO

Archer Milton Huntington fue un arqueólogo, bibliófilo, filántropo, hispanista y poeta estadounidense, fundador de la Hispanic Society of America en 1904, que visitó Jaraíz de la Vera en el año 1892. Acerca de esta visita y otras posteriores como las realizadas por la fotógrafa Ruth Matilda Anderson en el año 1926 o del músico Kurt Shindler, autor de las primeras grabaciones realizadas en Jaraíz, en el año 1932, el historiador e investigador jaraiceño Carlos Muñoz Álvarez da unas pinceladas sobre Huntington, su obra y lo que representa para Jaraíz de la Vera

«Las relaciones entre el personaje y nuestro pueblo comenzaron en 1892. En el invierno de ese año llega a Jaraíz un joven americano, de 22 años. Viene por el camino de Tejeda y Pasarón 'sobre la albarda de una mula', acompañado de un guía contratado en Plasencia, a donde había llegado en un vagón del recién estrenado ferrocarril. Se adentra decididamente por las calles del pueblo. Se acerca a sus habitantes, se sienta con ellos a la mesa, participa en sus tertulias, escucha atento sus historias, duerme en sus casas. Mientras… va anotando en su memoria todos los detalles singulares del pueblo y sus gentes», comenta Muñoz.

-¿Con todos estos datos y vivencias qué hace?

-A la vuelta a su ciudad de Nueva York, lo cuenta en su libro 'Note-Book in Nothern Spain', publicado en 1898. En el que describe cómo era el paisaje del valle camino de Yuste. Cómo eran los caminos que le llevaron hasta Jaraíz. Y sus calles, sus casas, todo. Evoca, con fascinación, a sus personajes: 'el mulero' que le hizo de guía; la posadera, 'Bitorina Parejo', con su taberna y sus «perrunillas puestas a crecer» bajo la colcha de una cama; el médico y el tratamiento que daba a sus enfermos; los sabios del pueblo, «el Lope y el Calderón de Jaraíz», que discutieron con él sobre Historia; el sereno cantando las horas a eso de las cuatro de la madrugada. Y el vaho de las cuadras que aliviaba el frío del invierno de las alcobas. Y… hasta el rostro de un moribundo a la luz de un candil y la 'porcá' que volvía al pueblo a la caída de la tarde. ¡Cuatro páginas dedicadas a Jaraíz de la Vera! Precioso testimonio de la vida del pueblo.

-¿Por qué vino aquí?

-Aquel joven americano era Archer Milton Huntington (1870-1955), llegó a España empujado por una extraña pasión: cuando aún era niño, alguien le habló de su Historia, y en su mente surgió una desbordada curiosidad por conocer nuestro país, su cultura y todo lo hispánico. Aprendió castellano y, después, árabe, para poder leer los documentos de la España musulmana. También se dedicó a conocer el castellano antiguo, bajo la dirección de un profesor de la Universidad de Yale, llegando a publicar una traducción al inglés del Poema del Mío Cid.

No vino a España hasta ese año 1892, cuando ya conocía bien nuestro idioma, nuestra historia y nuestra cultura. Como su obsesión era crear un museo que, además, fuera una institución internacional que fomentara y divulgara estudios rigurosos y sistemáticos de la cultura hispánica, puso toda su pasión, recursos y conocimientos en la creación, en 1904, de la Hispanic Society of America de Nueva York, la institución que actualmente posee la más importante colección de arte hispano fuera de nuestro país.

-¿Fue, entonces, que se sepa, el primer norteamericano que visitó Jaraíz?

-Aquel joven de Nueva York, Archer Milton Huntington, fue el primer americano que pisó las calles de esta villa de Jaraíz de la Vera. Y, a la vez, uno de los viajeros que más entrañablemente ha descrito la vida del pueblo y se ha sentido ligado a sus gentes. Porque no se conformó con esa su primera visita a Jaraíz, sino que lo incluyó en los diversos proyectos, financiados por la Hispanic Society para recoger información sobre todos los aspectos de la vida cotidiana: cómo vivían sus gentes, cómo eran sus tradiciones, cómo era la sociedad española. Proyectos como el viaje a España de varias fotógrafas -todas mujeres- para tomar imágenes de la vida cotidiana de la España de entonces, con un itinerario en el que figuraba el nombre de Jaraíz. Entre ellas, la joven fotógrafa Ruth Matilda Anderson (1893-1983), que tomó algunas imágenes de Jaraíz en 1928, el 6 y 7 de febrero, quedando plasmadas sus fotografías sobre temas nupciales en el libro 'En tierra de Extremadura. Jaraíz de la Vera. Costumbre nupcial'.

-Gracias a Huntington vinieron otros, como el prestigiosos musicólogo Kurt Schindler, ¿no?

-Los trabajos de un profesor de música, compositor y director de orquesta, Kurt Schindler (1882-1935), también forman parte del legado de la Hispanic Society of America de Nueva York. Bajo los auspicios de Huntington vino a España a recoger en papel pautado y en un fonógrafo las canciones que se cantaban en los pueblos, el folklore español. Y llegó a Jaraíz en 1932, a grabar en discos de aluminio FAIR CHILD las canciones populares tradicionales, que cantaron para él dos mujeres del pueblo, Natividad Hernández y Socorro Azula.

La Hispanic Society, institución ubicada en la parte alta de Manhattan, en Nueva York, posee la más importante colección de arte hispano fuera de nuestro país, con más de 18.000 piezas, que abarcan del Paleolítico al siglo XX, y una biblioteca extraordinaria con más de 250.000 manuscritos y 35.000 libros raros, entre los que se incluyen 250 incunables. Ninguna otra institución en el mundo, incluyendo España, permite por sí sola un recorrido tan completo por nuestra historia, arte y cultura, que abarca desde la España prerromana hasta las primeras décadas del siglo XX».

-Hace dos años se pudo conocer todo esto en una exposición en el Prado.

-La Exposición fue colosal. Permitió disfrutar de más de doscientas obras pertenecientes a esa institución de Nueva York, que incluye pinturas, dibujos, esculturas, piezas arqueológicas y de artes decorativas, además de textiles y mobiliario y manuscritos y documentos de su biblioteca; un fascinante recorrido cronológico y temático por lo más representativo de las vastas colecciones de la Hispanic Society. Para el director del Prado, Miguel Falomir, la exposición constituyó, dijo, una «gran oportunidad para conocernos mejor a nosotros mismos y ver cómo nos ven los demás». Y la figura del creador de la Institución, Huntington, que resulta fascinante y sobrecogedora. Personalmente tengo que confesar que, para mí, evocadora y gozosamente familiar.

En los catálogos de la Exposición me he encontrado con una cita que me ha traído a la memoria la visita del joven norteamericano a Jaraíz de la Vera, aquel ya tan lejano año 1892. Dicen esos catálogos: «En su búsqueda de la esencia del país, en la valoración de las regiones remotas o rurales como encarnación del carácter nacional, en su respeto por las tradiciones, su admiración por aquellos campesinos asombrosos… que conservan una independencia y un fondo de autenticidad y honradez, no vaciló en viajar a zonas remotas, como demuestra el hecho del viaje en mula de Plasencia a Yuste, que describió en 'Note-Book of Nothern' Spain (1898)'. Obra en la que Huntington dedicó cuatro páginas a Jaraíz. ¡Qué satisfacción y orgullo!

«Mirando hacia dentro he pensado también que, cuando en el futuro se escriba la Historia de Jaraíz, junto a las citas habituales de viajeros que aportan datos sobre Jaraíz como Ponz, Alarcón, Unamuno, Pío Baroja y otros, no pueden faltar las páginas que Huntington escribió hace ahora 125 año», concluye.