Antonia Alegre González.

Obituario: DEP Antonia Amor González

«¡Qué entierro más triste, madre!»

«Tú que has ido a casi todos los entierros y funerales de tu pueblo. Siempre puntual y piadosa. Tú que has rezado tanto por todos. Y el día del tu entierro estaba vacío el tanatorio, vacía la iglesia, vacío el camposanto»

ADRIÁN ALEGRE AMOR

Y qué nubes más grises había ese día. Y qué silencio en nuestro amado pueblo. Con la primavera húmeda del norte de Cáceres. Con las flores de las jaras muy blancas ya brotadas. Todo nuestro paisaje con sus mejores galas. Pero sin poderla disfrutar nadie. Y qué viaje más duro temprano desde Madrid, para acompañarte. Todo el trayecto llorando. Esperando que apareciera nuestra Sierra de Gredos para consolarnos. Pero ese día no apareció. Estaba cubierta de unas sábanas muy negras y arrugadas. Y tú ya sola en el tanatorio desde el día anterior.

Te has ido en la semana de festejos de la Patrona de tu pueblo, de Jaraíz, la Virgen del Salobrar. Qué maldita paradoja. Y yo miraba al cielo. Y veía mecerse las flores amarillas de las escoberas al lado del cementerio. Esas flores y esas ramas con las que tú hacías arcos en nuestra calle con las vecinas, adornándola para la procesión de la Virgen.

Y la ermita cerrada tan cerca. Y las campanas de la iglesia sin doblar. Y todo el pueblo en silencio. Y sólo tres hijos contigo. Y el sacerdote oficiando ese rápido responso. Sólo tres hijos separados dos metros. Con mascarilla. Hartos de llorar. Todo porque un decreto ha limitado el derecho de las familias a dar el último adiós a sus muertos. Pero quién se ha atrevido a firmar esas normas tan inhumanas ¡.

Y qué día más triste, madre. Pero si hasta el cielo lloraba. Y cuando te cogimos me temblaron los brazos. Pero si no pesabas nada. Eras como una pluma. Yo creo que dentro ya iba sólo tu alma. Algo maldito había devorado tu cuerpo.

Ay madre. Pero cómo íbamos a pensar que cuando dejaras este mundo no íbamos a poder darte el último adiós. Todos los hermanos. Todos tus nietos. Toda la familia juntos. Todas tus amistades y seres queridos. Una despedida como la que tú te merecías. Pero qué maldita injusticia.

Te has muerto varias veces y siempre sola, madre. Te has muerto sola cuando te aislaron en una habitación en la Residencia y nos prohibieron ir a visitarte en el último mes. Te has muerto sola cuando dejaste de llamarnos con tu móvil porque ya te faltaba el oxígeno. Te has muerto sola cuando te llevaron al Hospital y te sedaron para que lucharas sin dolor. Y te has muerto sola finalmente cuando ya se paró tu amoroso corazón, sin ningún hijo junto a ti. Pero a estas muertes físicas, a estas muertes tan duras, se ha unido la peor las muertes. La muerte de no haber tenido la despedida de todos los tuyos. Estas malditas normas insensatas. Estas leyes que nos han robado la dignidad del duelo y del momento de la despedida final.

Y qué despedida más triste, madre. Tú que has ido a casi todos los entierros y funerales de tu pueblo. Siempre puntual y piadosa. Tú que has rezado tanto por todos. Y el día del tu entierro estaba vacío el tanatorio, vacía la iglesia, vacío el camposanto. Todos los vecinos encerrados en sus casas, asustados. Viendo día tras día los números aumentar, impotentes. Ay, lo números.

Pero si tú no eres un número, madre. Pero si tú eres la señora Toñi. Nuestra madre. La buena vecina. Toñi Amor. La que ayudaba tanto en Cáritas. La que se recorría el pueblo para saludar siempre a todos con una sonrisa. La que conocía a todas las generaciones del pueblo, con sus nombres, con sus apodos y sus apellidos. La que ayudaba con tanta ternura a los inmigrantes y a los más necesitados. La que iba casi a diario a misa y rezaba muchas novenas y rosarios. Pero cómo vas a ser tú un número, madre. Tú no eres un número para nadie.

Pero no te preocupes. Que estamos seguros que hay mucha gente del pueblo que está rezando y llorando mucho por ti. Porque eras muy querida y apreciada, por tu bondad y por tu generosidad.

Querida madre, a toda la familia nos queda el consuelo de que ya estarás junto a quien tanto quisimos, nuestro padre. Dale un beso muy grande. Y dile os recordaremos siempre agradecidos por lo mucho que luchasteis y sacrificasteis por nosotros en tiempos muy difíciles.

Ya me despido, madre. Pero antes me atrevo a pedirte unos encargos. El primero es que nos perdones si no te hemos sabido cuidar estos últimos días, pero esta pandemia nos lo ha impedido. El segundo es que leas junto a nuestro padre una poesía extremeña de Gabriel y Galán o de Luis Chamizo. De las que él nos leía muy serio por las noches con su acento castúo emocionado. Pero qué sensación de irrealidad: Este entierro tan doloroso y desolador me ha recordado de repente aquéllas emocionantes poesías.

Y el último encargo, madre. Cuida mucho de los pajaritos de la canción del milagro de San Antonio, tu santo. Esa canción que tanto nos cantabas de chicos. Seguro que ya se han ido volando contigo. Para no comerse el sembrado. Para que puedan volver a crecer las cosechas abandonadas. Para que retorne la vida feliz que teníamos antes de todo esto. Para que acabe ya de una vez esta maldita tragedia.

Antonia Amor González, jaraiceña de 91 años, falleció el 16 de Abril de 2020 en el Hospital de Cáceres, víctima de la pandemia COVID-19. Deja una gran familia con 7 hijos, 14 nietos y un bisnieto.

Sus hijos: Ángel, Adrián, Mariví, Pedro Antonio, Gema, Jesús María, y Judith. Sus hijos políticos: Maribel, Carmen, Antonio, María José, y Quique. Sus nietos: Ángel, Guillermo, Alfonso, Adrián, Eloy, Víctor, Irene, Andrea, Cristina, Pedro, Elisa, Delia, Lucía, y Jesús. Y su bisnieto: Beltrán.

Agradecen todas las muestras de cariño y apoyo, telefónicas y virtuales, de familiares y amigos y anuncian que cuando sea posible daremos juntos la despedida y el adiós que se merece en Jaraíz. DEP

Adrián Alegre Amor, Madrid, abril, 2020