Cristo del Sepulcro. / M.D.CRUZ

El Cristo del Sepulcro, una joya del siglo XVII

Es el titular de la procesión del Viernes Santo, en Jaraíz de la Vera, que sale de la iglesia de San Miguel en donde está expuesto todo el año en una urna

P.D. Samino
P.D. SAMINO

La iglesia parroquial de San Miguel de Jaraíz de la Vera atesora numerosas joyas artísticas y arquitectónicas, pese a algunas reformas desacertadas de que fue objeto hace casi un siglo al derrumbarse la techumbre mudéjar.

Solamente por el presbiterio merece todo tipo de declaración de bien de interés cultural con categoría de monumento, en el que brilla su espectacular retablo de estilo rococó. Una maravilla como así lo reconocen y destacan los historiadores y expertos en arte.

Pero no solo por eso, que es de por sí sumamente relevante, sino porque el templo guarda numerosas imágenes de distintos siglos, que constituyen un tesoro histórico-artístico, aparte de su valor religioso y sentimental.

Una de las magníficas esculturas es la del Cristo del Sepulcro, una talla de madera policromada del siglo XVII, perteneciente a la escuela castellana, relacionada con Gregorio Fernández en su etapa en Plasencia trabajando en la catedral, que fue restaurada hace una década aproximadamente. «Después de la restauración se puede apreciar mejor las características de esta bella escultura, cuyo realismo y hondo dramatismo propios de su estilo, se ponen de relieve en toda su pureza, tal como el artista la realizó hace más de tres siglos. Ahora resalta más la monocromía del encarnado de la imagen contrastando con el rojo de la sangre que brota a borbotones de la herida del costado y con el paño de pureza y se aprecia mejor el gran patetismo de la expresión de su rostro», comenta la historia jaraiceña Martiria Sánchez López.

Esta imagen, que representa a Cristo yacente, es articulada con la que, en el siglo XVIII, el día de Viernes Santo, se procedía al rito de la crucifixión y descendimiento de la cruz de Jesucristo para ser depositado en el sepulcro y después formar parte de la procesión, en La General, como se llamaba a la del Viernes Santo. «Este ritual se celebraba dentro de la iglesia o en el atrio, siendo una de las ceremonias más emotivas de la Semana Santa jaraiceña», resalta Martiria Sánchez.

Desde la pasada centuria el Cristo del Sepulcro sale en procesión en la urna en la que se expone durante todo el año en la iglesia de San Miguel. Y, desde que se constituyó, en 1995, la actual cofradía del Sepulcro desfila en una plataforma bellamente adornada e iluminada para que pueda ser admirado en todo su esplendor artístico y religioso. «Estamos, pues, ante una hermosa obra de arte que además tiene un profundo sentido religioso para el creyente jaraiceño, ya que año tras año contempla con enorme emoción su paso por las estrechas calles de la población la noche del Viernes Santo, en medio del más impresionante silencio, roto solemnemente por los ecos de la campana que acompaña al Santo Entierro y que es portada por cinco hermanos cofrades», apostilla.