Cocina de madre no hay más que una
Un homenaje a la vida entre fogones de Fidela Sánchez Amor, alma gastronómica de La Vera
Para todos, las mejores croquetas son las de nuestra madre. El gazpacho más fresco, las lentejas más sabrosas, ese guiso que reconforta el alma... siempre ... hay un plato que nos recuerda a ella. Porque cocina de madre, no hay más que una.
Esta es una historia de madres y fogones. De mujeres que hicieron de la cocina mucho más que un oficio, lo convirtieron en un territorio de resistencia. Madres que transformaron su pasión en sustento. Aquellas que abrieron puertas y sembraron camino. Mujeres que han sido hogar. Madres que trabajan a jornada completa dentro y fuera de cocinas. Las que son capaces de inventarle horas al reloj cuando ya no concede más tregua.
Reflejo de la lucha incansable de tantas y tantas madres es Fidela Sánchez Amor. A sus 81 años es una de las tantas mujeres que en cada plato y en cada gesto cotidiano han dejado una huella silenciosa pero profunda: la de quienes, sin pedir protagonismo, han sido motor y memoria de generaciones.
Fidela es icono vivo de La Vera. Así lo dejan claro sus vecinos y reconocimientos recientes. En 2025 le fue otorgado el Premio Picota por sus contribuciones a la comarca. «Su vida es el reflejo de una generación marcada por el trabajo duro, el sacrificio diario y, sobre todo, por un profundo amor a su tierra y a su gente», reconocían entonces. «Fidela es historia viva de nuestro pueblo y su legado familiar, profesional y humano, seguirá inspirando a futuras generaciones».
No les faltaba razón. En 1977, cuando solo tenía 33 años, cogió las riendas del Bar Dólar, punto de encuentro de generaciones en Jaraíz de la Vera. «Entonces no era habitual ver a mujeres liderando negocios. Fue pionera en el pueblo», nos cuenta orgullosa su hija, Pilar. «Sin formación académica, pero con intuición, esfuerzo y una capacidad de trabajo brutal, lo consiguió», añade.
Junto a su marido, Jesús, se convirtieron en referente de la gastronomía de la localidad. Después llegó el Hotel-Restaurante Jefi, fue el primer alojamiento con categoría de hotel en la localidad. «Allí mi madre era el alma: cocina, organización y trato con el cliente. No entendía de horarios ni límites. Siempre estaba cuando hacía falta», confiesa Pilar.
Aquel fue el punto de partida de lo que hoy es Villa Xarahíz, un rincón de Extremadura con nombre propio en el que son precisamente Pilar y su hermano Víctor quienes están al frente. «Somos la segunda generación de una familia que lleva toda la vida dedicada a esto», señala. «Villa Xarahíz no es solo un hotel o un restaurante, para nosotros es un proyecto de vida», desvela emocionada.
Este rincón es el resultado de más de 40 años de trabajo familiar, «supone evolución constante y una forma de entender la hostelería ligada a La Vera», apunta Pilar. Hoy, asegura, «vivimos una transformación hacia una gastronomía más refinada, sin perder nuestras raíces».
La gastronomía de Villa Xarahíz
«El restaurante de Villa Xarahíz es un tributo a la riqueza culinaria de la Comarca de la Vera. Desde la frescura de los ingredientes locales hasta la creatividad en cada plato, nuestro equipo se esfuerza por brindarle a los clientes una experiencia gastronómica única. Son sabores auténticos que cuentan la historia de la región con cada bocado», nos cuentan desde Villa Xarahíz.
Desde que Pilar y Víctor cogieron las riendas, se dejan la piel en mantener vivo el legado de su madre. «Ella nos enseñó a trabajar, a no rendirnos, a cuidar a la gente y ser responsables», apunta, y es su filosofía día a día. «Aquí había una cultura clara: se viene a hacerlo bien», añade.
Sus padres, confiesa Pilar, «se complementaban perfectamente: mi padre aportaba estructura y calma; mi madre, energía y exigencia». Es lo que los hermanos transmiten hoy en Villa Xarahíz. «Nosotros nos criamos en la cocina, así que seguimos haciendo muchas cosas como las hacía ella. Sobre todo, el respeto por el producto, por el cliente y por el trabajo bien hecho», asegura.
Más allá de las cocinas, Fidela es «fuerte, generosa» y con un sentido del deber que sus hijos califican de «excepcional». «Ella misma se definiría como trabajadora, y ahí se resume todo», apunta orgullosa Pilar, que deja claro que su madre ha sido «una embajadora silenciosa de la gastronomía verata, defendiendo su identidad y autenticidad toda la vida».
De ella llevan hoy por bandera su forma de trabajar, su carácter y su exigencia, «aunque adaptado a una visión más actual», señala.
«Compaginar la maternidad y la hosterlería es muy duro»
Pilar, hija de Fidela
Pese a que compaginar la maternidad con el mundo de la hostelería no es ni fue tarea fácil, Pilar se muestra orgullosa de que Fidela lograra convertirse en un gran ejemplo. «Es muy duro compaginar los dos mundos, pero mi madre nos sacó adelante con esfuerzo y sacrificio», recuerda, subrayando la determinación y la dedicación que marcaron la vida familiar.
El cariño del pueblo es evidente cada vez que hablan de Fidela: todos saben que la quieren, aunque ella misma no es del todo consciente de la magnitud de ese afecto. Su humildad la hace aún más cercana, y para quienes la rodean, reconocer su valor es un motivo de emoción y orgullo.
Villa Xarahíz recibió el Premio En Salsa en 2023
A lo largo de los años, ha recibido galardones y reconocimientos, pero para la familia, el mayor premio siempre ha sido la gente. Entre ellos, el Premio En Salsa en 2023. Según el público aficionado al arte de comer, Villa Xarahíz fue reconocido por conservar mejor las recetas y tradiciones.
Como termina reflexionando Pilar, «todo lo que estamos construyendo hoy en Villa Xarahíz tiene un origen muy claro: el trabajo de nuestros padres. Nosotros solo estamos intentando estar a la altura», una declaración que resume a la perfección cómo la herencia de sacrificio y constancia familiar se refleja en cada logro presente, y cómo el reconocimiento más profundo nace del corazón de quienes la conocen y la aprecian.