Muchísimos fieles se sumaron a la festividad de San Antonio

Este año, en relación a los anteriores, ha sido muy superior en todos los cultos

Procesión de San Antonio de Padua. P. D.SAMINO
TRADICIONES

Tanto que algunos tuvieron que seguir la misa -al llenarse totalmente la iglesia de San Miguel-, de pie, pues durante la misma, como ofrenda, los bailadores ejecutan una de las danzas de los palitroques y en la consagración interpretan el himno nacional al son del tambor y la flauta.

Las danzas son, precisamente, uno de los atractivos de la festividad, entre las que destaca el trenzado del cordón, de gran belleza y plasticidad, que congregó en la Plazas Mayor a decenas de jaraiceños, al ser de interés en lo artístico y religioso, y considerada una valiosa reliquia del folclore jaraiceño.

Tradición

La festividad de San Antonio de Padua está muy arraigada en la localidad. Nada más y nada menos que desde mediados del siglo XIX. Su popularidad dio como resultado que en abril de 1880 se creara la Hermandad de San Antonio.

Hasta los años sesenta, del pasado siglo, la principal finalidad -tras honrar al santo- era la de ocuparse de dar sepultura a los cofrades fallecidos, que, con sus cuotas, financiaban el sepelio de los hermanos.  Era obligatorio asistir a todos los sepelios y  misas de difuntos. El estandarte que se ha venido sacando en las procesiones hasta la década de los ochenta era negro, con bordados en oro,  que se ha sustituido por el blanco que ahora se exhibe.

Esta actividad de la Cofradía desapareció en la década de los sesenta, al implantarse en Jaraíz el seguro de decesos  de Santa Lucía, que tomó el relevo al de San Antonio al ser muy asequible, por lo que se decidió suprimir el servicio que prestaba la Cofradía, toda vez que se dejó de utilizar, el cual surgió para atender a las clases más desfavorecidas de la sociedad jaraiceña del siglo XIX.

Pobreza

Por eso, la festividad de San Antonio siempre ha estado muy identificada con la pobreza, con la gente humilde. La mayoría de la población hasta mediados del pasado siglo era pobre, muy pobre. Curiosamente, en esos años, especialmente entre 1950  y 1960, Jaraíz en el exterior era conocido con el injusto apelativo del 'pueblo de los ricos'.

Periodo que se confunde con el dinamismo y la actividad emprendedora de una parte de la población y por la ingente labor que llevó a cabo el Ayuntamiento para sacar a la localidad del subdesarrollo, con su alcalde a la cabeza, Albino Fernández Pérez, logrando que a finales de los sesenta ocupara la sexta posición en el ranking de los principales municipios de la provincia de Cáceres, tanto en habitantes como en actividad empresarial y en la modernización de las infraestructuras y servicios.

En ese periodo floreciente se construyeron el centro de tabaco, la algodonera, el colegio César Carlos I, el instituto G.Korreas, el matadero, depósito de agua, el kiosco, el nuevo ayuntamiento, la biblioteca y se generalizó el abastecimiento de agua y el alumbrado público, a la vez que se extendió por todo el casco urbano la red de alcantarillado y las pavimentaciones de las calles, implantación de la recogida de basura, etc. Y, por supuesto, se construyeron diversas promociones de viviendas de protección y el Lago, ahora de moda otra vez, entre otras realizaciones.