Los jaraiceños disfrutan hoy de la romería de la Vigen del Salobrar

El buen tiempo, aunque fresco, anima a los vecinos a pasar el día en la dehesa

Procesión por los alrededores de la ermita de la dehesa. P.D.CRUZ.
FIESTAS PATRONALES

Al término de la misa de las 9, oficiada en la iglesia de Santa María en honor de la  Patrona, decenas de romeros, con la imagen de la Virgen, recién restaurada, han emprendido el camino  hacia la ermita de la dehesa para pasar el día allí.

 A su llegada, a la entrada de la ermita, ha tenido lugar la misa de campaña, presidida por el arcipreste de Jaraíz, Joaquín Jiménez García, para dar paso a la jornada de convivencia entre todos los jaraiceños, en un hermoso paraje, en el que el verdor del campo y las flores que empiezan a irrumpir, ofrecen una bella estampa, paradisíaca, espectacular, con la impresionante mole de Gredos, con nieves en sus cumbres, como fondo, y el Campo Arañuelo y las Villuercas de telón del gran escenario natural que se divisa desde cualquier punto de la ermita de la dehesa, con encinas y alcornoques centenarios para cobijar a los romeros.

La jornada de convivencia entre los jaraiceños, esta tarde, se pondrá fin con la procesión por el entorno de la ermita de la dehesa,  a las 17 horas, aproximadamente. La imagen se trasladará a la población en la ambulancia de Cruz Roja, como ya viene siendo costumbre desde que se recuperó  la celebración de la romería, en el año 2001, tras dos siglos sin tener lugar.

Desamortización

 Se interrumpió por la invasión de los franceses, cuyas tropas destruyeron el santuario de la Virgen del Salobrar, situado junto al río Tiétar, en la finca que lleva su nombre, en cuyos alrededores se hacía la romería, toda vez que la actual ermita era del Cristo de la Humildad, que, inicialmente, acogió temporalmente a la imagen de la Patrona.

Sin embargo, tras la guerra civil, se decidió que  fuera de la Virgen del Salobrar, al resultar problemático, por las circunstancias, recuperar los terrenos y reconstruir el santuario del río, pues habían sido desamortizados por Mendizábal, como ocurrió con otras muchas propiedades eclesiásticas de la localidad, lo que originó la desaparición de media docena de ermitas que había repartidas por el término municipal, así como la extinción de las cofradías que las sustentaban, las cuales subsistían gracias a las posesiones de pequeños minifundios y el usufructo de tierras, que habían sido donadas por los propios cofrades, lo que proporcionaba jornales a la población, que vivía en la pobreza, situación que se agravó al quedarse, como consecuencia de la desamortización, sin trabajo. Los franceses primero y Mendizábal después, cambiaron, por tanto, para bien o para mal (más bien para mal), el rumbo de Jaraíz.